Léase Juan 11:1-44 |
Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el
que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí,
no morirá eternamente. ¿Crees esto? Juan 11:25-26
Si crees, verás la gloria de Dios. Juan 11:40
En el evangelio según Juan, principalmente, los
milagros del Señor están designados por una palabra cuyo sentido literal es
signo (o señal).
Revelan efectivamente algo de su gloria y de su persona. Así,
mediante la multiplicación de los panes, descubrimos que Jesús es el pan de
vida (Juan 6:35); cuando da la vista al ciego, es la luz del mundo (Juan 8:12).
La resurrección de Lázaro nos muestra que Jesús es la resurrección y la vida
(Juan 11:25).
Cuando pasó por la muerte, Jesús reveló que él es la resurrección y la vida. El Señor Jesús resucitado dijo al apóstol Juan: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte” (Apocalipsis 1:17).
Todo el que deposita su confianza en Jesucristo recibe
esta seguridad: “El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).
“Si crees, verás la gloria de Dios” (Juan 11:40),
dijo Jesús a Marta. La gloria de Dios, de la que Jesús habla aquí, es la gloria
de su amor más fuerte que la muerte, su gloria en poder de vida. Esta gloria se
desplegará en la futura resurrección, pero hoy ya se manifiesta mediante el don
de una nueva vida, una vida espiritual, a todos los que creen.
Para ver la gloria de Dios es necesario creer;
esta es la única condición. Basemos nuestras certitudes interiores en Jesús, el
Hijo de Dios, quien da la vida y la paz a los que confían en él.
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